¿Qué es la Agrovoltaica y por qué es clave para el futuro sostenible?
La agrovoltaica, también conocida como agrivoltaica, es una innovadora forma de combinar la agricultura con la energía solar fotovoltaica en un mismo terreno. En lugar de competir por el espacio, los cultivos y los paneles solares trabajan en conjunto, aprovechando al máximo la radiación solar para producir alimentos y electricidad de manera simultánea.
Este modelo busca optimizar el uso del suelo agrícola, permitiendo que una misma superficie genere rendimiento agrícola y energético. Gracias a estructuras elevadas o paneles con inclinación regulable, las plantas reciben la luz solar necesaria, mientras que los módulos fotovoltaicos producen energía limpia y reducen la evaporación del agua del suelo.
Más allá de su impacto técnico, la agrovoltaica representa una solución sostenible frente al cambio climático y la crisis energética global. Promueve un modelo de desarrollo rural basado en la eficiencia de recursos, la resiliencia agrícola y la descarbonización del sector primario, alineándose con los objetivos de la Agenda 2030 y las políticas verdes europeas.
En los últimos años, países como España, Francia y Alemania han impulsado proyectos agrovoltaicos a gran escala, demostrando que es posible aumentar la productividad agrícola mientras se genera energía renovable de forma rentable y respetuosa con el medio ambiente.

¿Qué significa Agrovoltaica?
El término agrovoltaica proviene de la unión de las palabras “agro” (agricultura) y “voltaica” (energía solar fotovoltaica). Describe un sistema en el que la producción agrícola y la generación de electricidad solar comparten el mismo terreno, aprovechando sinergias naturales entre ambos procesos.
A diferencia de los parques solares tradicionales, que ocupan suelo agrícola impidiendo su uso para cultivos, la agrovoltaica permite mantener la actividad agrícola mientras los paneles generan energía limpia. Este enfoque ofrece una doble rentabilidad: económica (por la energía vendida o autoconsumida) y ambiental (por el ahorro de agua, reducción de emisiones y mejora de la biodiversidad).
Su aplicación más común es la instalación de paneles fotovoltaicos elevados o semitransparentes sobre cultivos, con una inclinación o distancia que maximiza la luz útil para las plantas y reduce el estrés térmico en zonas de alta radiación solar.
En resumen, la agrovoltaica transforma la relación entre agricultura y energía, promoviendo un modelo productivo más resiliente, rentable y sostenible.
Origen y evolución del concepto
La idea de la agrovoltaica no es nueva. Su origen se remonta a la década de 1980, cuando el investigador alemán Adolf Goetzberger, fundador del Instituto Fraunhofer de Energía Solar, propuso por primera vez combinar agricultura y energía fotovoltaica en un mismo espacio.
Durante años, el concepto permaneció en fase experimental, hasta que los avances tecnológicos en paneles solares más ligeros y eficientes y la creciente presión por aprovechar mejor el suelo agrícola impulsaron su desarrollo a gran escala.
A partir de 2010, países como Japón y Francia iniciaron los primeros proyectos piloto, centrados en cultivos de bajo porte como lechugas o espinacas. Hoy, la agrovoltaica se ha convertido en una línea estratégica dentro de la transición energética europea, apoyada por fondos y normativas que promueven su adopción.
En España, la agrovoltaica ha ganado relevancia en los últimos años, especialmente en regiones con alta irradiación solar y fuerte tradición agrícola, como Andalucía, Castilla-La Mancha o Murcia. Los resultados muestran incrementos en la eficiencia del uso del agua y mejoras en la estabilidad térmica de los cultivos, lo que la posiciona como una de las soluciones más prometedoras para el futuro del campo.
Cómo funciona un sistema agrovoltaico
Un sistema agrovoltaico funciona integrando paneles solares fotovoltaicos dentro de una explotación agrícola de forma que ambos —energía y cultivo— coexistan en equilibrio. Su objetivo principal es maximizar la eficiencia del suelo, permitiendo producir alimentos y electricidad simultáneamente sin reducir el rendimiento de ninguno.
La clave está en la gestión de la luz solar: parte de la radiación es aprovechada por los paneles para generar energía eléctrica, y otra parte se transmite o refleja hacia los cultivos, proporcionando sombra parcial que mejora las condiciones microclimáticas (menor evaporación del agua y temperaturas más estables).
El sistema se diseña a partir de tres variables fundamentales:
Altura y orientación de los paneles.
Se adaptan a la tipología de cultivo y al recorrido solar del terreno.Densidad de instalación.
Determina cuánta radiación llega al cultivo; un exceso de sombreado puede afectar la fotosíntesis.Sistema de seguimiento solar (tracking).
Los paneles móviles permiten ajustar su inclinación durante el día, optimizando tanto la generación eléctrica como la exposición lumínica de las plantas.
Integración entre agricultura y energía solar
La integración exitosa se basa en la coordinación entre ingenieros agrónomos y especialistas solares.
Los cultivos se seleccionan considerando su tolerancia a la sombra, mientras que los paneles se ubican estratégicamente para minimizar la competencia por la luz.
Entre los beneficios más destacados se encuentran:
Reducción de la temperatura del suelo, lo que mejora la retención de humedad.
Aumento de la productividad agrícola en regiones cálidas, al proteger las plantas del estrés térmico.
Estabilidad energética: la electricidad generada puede alimentar sistemas de riego, climatización o autoconsumo agrícola.
En zonas rurales, la agrovoltaica también fomenta el desarrollo local sostenible, generando empleo técnico y agrícola a la vez.
Tipos de configuraciones más comunes
Los sistemas agrovoltaicos se clasifican principalmente según su estructura:
Paneles elevados o en marquesina:
Colocados a varios metros del suelo, permiten el paso de maquinaria y la continuidad del cultivo. Son los más extendidos en Europa.Paneles verticales bifaciales:
Capturan luz por ambos lados y reducen el sombreado directo, ideales para cultivos de baja altura.Paneles semitransparentes o de vidrio solar:
Dejan pasar parte de la radiación, combinando estética, eficiencia y protección vegetal.Estructuras móviles (tracking dinámico):
Ajustan su posición según la hora del día o la temporada, optimizando simultáneamente energía y rendimiento agrícola.
Tecnologías utilizadas en paneles y cultivos
Las tecnologías más recientes han impulsado la viabilidad de los sistemas agrovoltaicos:
Paneles fotovoltaicos de silicio bifacial: capturan luz reflejada del suelo, aumentando la eficiencia energética hasta un 15%.
Sistemas IoT de monitoreo agrícola: miden temperatura, humedad, radiación y rendimiento de cultivo en tiempo real.
Riego inteligente alimentado por energía solar: mejora la eficiencia hídrica y reduce costes.
Simulaciones agronómicas y de radiación solar: permiten modelar el comportamiento lumínico y prever el rendimiento del sistema antes de instalarlo.
La combinación de estas tecnologías convierte a la agrovoltaica en una solución inteligente y escalable, capaz de adaptar la energía solar a las necesidades específicas de cada ecosistema agrícola.
Beneficios de la agrovoltaica
La agrovoltaica ofrece una amplia gama de ventajas económicas, ambientales y sociales, convirtiéndose en una de las soluciones más prometedoras para lograr un modelo agrícola y energético sostenible.
Su potencial radica en aprovechar el mismo terreno para dos funciones esenciales: producir alimentos y generar energía limpia, reduciendo costes y mejorando la eficiencia del uso del suelo.
Ventajas para el agricultor
La principal ventaja para el agricultor es la diversificación de ingresos.
Con un sistema agrovoltaico, una finca puede producir electricidad para autoconsumo o venta al mercado eléctrico, generando una fuente de ingresos estable y predecible incluso en épocas de baja producción agrícola.
Además:
Protege los cultivos del exceso de sol, viento o granizo, gracias a la sombra parcial que proporcionan los paneles.
Reduce el estrés hídrico, al disminuir la evaporación del agua del suelo.
Aumenta la rentabilidad del terreno, al aprovecharlo de manera dual.
Favorece la independencia energética, ya que permite cubrir el consumo eléctrico de la propia explotación.
Facilita el acceso a subvenciones y ayudas europeas para energías renovables y sostenibilidad rural.
En regiones como Andalucía o Castilla-La Mancha, los proyectos agrovoltaicos han demostrado incrementos de rentabilidad entre el 10 % y el 30 %, dependiendo del tipo de cultivo y del precio de la energía.
Beneficios medioambientales
Desde el punto de vista ecológico, la agrovoltaica se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y las metas de neutralidad climática de la Unión Europea.
Entre sus principales beneficios medioambientales destacan:
Reducción de emisiones de CO₂, al sustituir combustibles fósiles por energía solar.
Optimización del uso del suelo, evitando la pérdida de terrenos agrícolas frente a grandes plantas fotovoltaicas.
Protección de la biodiversidad, al crear microclimas más frescos y hábitats para polinizadores.
Ahorro de agua, clave en regiones áridas, gracias al sombreado natural de los paneles.
Regeneración de suelos y mitigación del impacto térmico, lo que mejora la salud del ecosistema agrícola.
De esta forma, la agrovoltaica no solo impulsa la transición energética, sino también una transición agroecológica, en la que la energía y la agricultura se integran para regenerar los entornos rurales.
Eficiencia energética y uso del suelo
Uno de los retos más importantes del siglo XXI es cómo producir más energía sin sacrificar superficie agrícola.
La agrovoltaica resuelve este dilema al duplicar la productividad del terreno, generando simultáneamente kilovatios y kilogramos.
Estudios realizados por el Instituto Fraunhofer (Alemania) y la Universidad de Wageningen (Países Bajos) muestran que, con una buena configuración, un sistema agrovoltaico puede alcanzar un índice de uso del suelo (Land Equivalent Ratio) superior a 1,5.
Esto significa que el mismo terreno produce un 50 % más de recursos combinados (energía + alimentos) que si se usara para una sola actividad.
En términos prácticos:
Un campo agrovoltaico de 1 hectárea puede abastecer de energía a unas 40 viviendas y mantener la producción agrícola.
Los sistemas de seguimiento solar mejoran la eficiencia energética hasta en un 20 % adicional.
El impacto paisajístico y ecológico es menor que en los parques solares tradicionales.

Ejemplos reales y casos de éxito
La agrovoltaica ya no es una teoría: es una realidad en expansión en Europa, Asia y América Latina.
Los proyectos implementados durante la última década demuestran que es posible combinar la agricultura con la generación fotovoltaica sin reducir la productividad, y en muchos casos, mejorándola.
Proyectos destacados en España y Europa
🇪🇸 España: liderazgo en agrovoltaica mediterránea
En España, la agrovoltaica ha avanzado rápidamente gracias al alto nivel de radiación solar y al impulso de políticas de transición energética.
Algunos ejemplos notables son:
BayWa r.e. en Torre Pacheco (Murcia):
Proyecto piloto con cultivos de lechuga y espinaca bajo paneles bifaciales. Los resultados muestran un ahorro de agua del 30 % y una reducción de temperatura media de 5 °C durante el verano.Endesa y Enel Green Power en Carmona (Andalucía):
Integran 250 ovejas en un parque fotovoltaico de 30 MW, combinando ganadería extensiva y energía solar. Se reducen costes de mantenimiento y se fomenta la economía circular rural.Instituto IMDEA Energía (Madrid):
Investiga configuraciones de paneles verticales y semitransparentes adaptadas a cultivos mediterráneos, con resultados prometedores en vid, tomate y cebolla.
🇫🇷 Francia: pionera en regulación y tecnología
Francia es referente mundial, con más de 400 proyectos agrovoltaicos registrados.
Destaca el proyecto Sun’Agri, que regula automáticamente la inclinación de los paneles según las necesidades del cultivo. En viñedos del sur de Francia se ha registrado un aumento del 13 % en la eficiencia hídrica y una mejor calidad del fruto.
🇩🇪 Alemania:
El Instituto Fraunhofer ISE, creador del concepto original, ha validado sistemas donde la productividad agrícola se mantiene o incluso mejora hasta un 10 %, demostrando que la coexistencia es viable en climas templados.
Resultados de productividad agrícola y energética
Diversos estudios y ensayos en Europa y Asia han mostrado resultados consistentes en cuanto a rendimiento combinado:
| Parámetro | Promedio agrovoltaico | Mejora frente a sistema tradicional |
|---|---|---|
| Eficiencia del uso del suelo (LER) | 1,4–1,7 | +40–70 % de productividad combinada |
| Reducción de temperatura del suelo | -3 °C a -6 °C | Menor evaporación de agua |
| Ahorro hídrico | 20–40 % | Mayor retención de humedad |
| Mantenimiento de rendimiento agrícola | 95–105 % | Sin pérdida significativa |
| Eficiencia fotovoltaica | +5–10 % | Gracias a menor temperatura del módulo |
Estos datos confirman que la agrovoltaica aumenta la eficiencia global del terreno, reduce el consumo de agua y mejora la sostenibilidad sin comprometer la productividad agrícola.
Lecciones aprendidas de los proyectos
Los principales aprendizajes de los proyectos agrovoltaicos exitosos son:
El diseño es clave: la altura, la densidad y el tipo de panel deben adaptarse al cultivo específico.
Los cultivos de hoja ancha o baja altura (como lechuga, alfalfa, fresa o cebolla) ofrecen mejores resultados bajo sombra parcial.
El seguimiento solar dinámico mejora tanto la producción energética como la agrícola.
La colaboración entre agricultores y empresas energéticas es esencial: los modelos de negocio compartidos son los más sostenibles.
La monitorización constante (sensores, IoT, big data agrícola) permite ajustar el sistema en tiempo real para maximizar el rendimiento conjunto.
Casos emergentes fuera de Europa
Japón: pionero en integración agrovoltaica desde 2013. Hay más de 2.000 proyectos operativos, centrados en cultivos de té, arroz y verduras.
Chile y México: adaptan la tecnología a zonas áridas, logrando reducciones de consumo hídrico del 40 % y rentabilidad positiva en menos de 6 años.
India: combina agrovoltaica con sistemas de riego solar, impulsando la autosuficiencia energética rural.
En conjunto, estos casos demuestran que la agrovoltaica no solo es viable, sino rentable, y que puede convertirse en un pilar estratégico de la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria mundial.
Retos y limitaciones actuales
Aunque la agrovoltaica representa una de las innovaciones más prometedoras en la transición hacia una economía verde, su desarrollo masivo aún enfrenta retos técnicos, económicos y normativos.
Comprender estas limitaciones es clave para diseñar estrategias realistas y sostenibles que aceleren su adopción.
Costes de instalación y mantenimiento
Uno de los principales desafíos es el coste inicial de inversión.
Los sistemas agrovoltaicos requieren estructuras elevadas, anclajes más robustos y cableado adicional para no interferir con la maquinaria agrícola. Esto puede elevar los costes en un 20–40 % respecto a una planta fotovoltaica tradicional.
Además, el mantenimiento debe realizarse con cuidado para no dañar los cultivos ni alterar el ecosistema agrícola.
Por otro lado, la necesidad de equipos especializados y sensores IoT para monitorizar microclimas o humedad también aumenta los costes operativos en la fase inicial.
Sin embargo, a largo plazo, estos costes se compensan con la doble rentabilidad y las subvenciones disponibles para proyectos de innovación rural y transición energética.
Marco legal y regulatorio
El marco normativo de la agrovoltaica todavía está en fase de desarrollo en la mayoría de los países.
En España, por ejemplo, no existe una regulación específica que defina las condiciones de uso del suelo para instalaciones agrovoltaicas, lo que puede generar incertidumbre jurídica en cuanto a licencias, permisos y fiscalidad.
En algunos casos, los proyectos se clasifican como instalaciones industriales y no agrícolas, lo que limita el acceso a ayudas agrarias o subvenciones del Plan Estratégico de la PAC.
Francia y Alemania ya han avanzado en esta materia, creando categorías legales intermedias que reconocen la coexistencia de ambos usos (agrícola y energético).
La evolución normativa en España y la Unión Europea será fundamental para que la agrovoltaica se consolide como una actividad agroenergética reconocida, con incentivos claros y trámites simplificados.
Barreras tecnológicas
El rendimiento de un sistema agrovoltaico depende en gran medida de tecnologías de optimización lumínica y gestión inteligente.
Entre las principales barreras actuales destacan:
Falta de estandarización técnica: no existe un diseño universal válido para todos los cultivos o climas.
Desajuste entre los intereses agrícolas y energéticos: las necesidades de radiación para las plantas pueden entrar en conflicto con la maximización de la producción eléctrica.
Complejidad en la simulación de rendimientos: se requiere modelado avanzado (radiación, evapotranspiración, fotosíntesis, etc.) para calcular correctamente la productividad combinada.
Dependencia tecnológica: los sistemas de seguimiento solar, IoT y gestión automatizada aún tienen costes elevados.
La investigación en inteligencia artificial aplicada a la agrovoltaica está comenzando a resolver parte de estos problemas, permitiendo optimizar automáticamente el ángulo de los paneles según el estado del cultivo o las condiciones meteorológicas.
Aceptación social y cultural
Un reto menos técnico pero igual de importante es la percepción pública.
En algunas comunidades rurales, persiste la idea de que los paneles solares “roban” terreno agrícola, lo que dificulta la aceptación de estos proyectos.
Falta divulgación y formación sobre cómo la agrovoltaica puede mejorar la rentabilidad agrícola y proteger el entorno.
El éxito futuro de la agrovoltaica dependerá también de la participación activa de los agricultores, que deben ser vistos como socios estratégicos y no solo como arrendadores de suelo.
En definitiva, superar estos retos requerirá colaboración público-privada, innovación tecnológica y una visión integradora entre los sectores agrícola y energético.
Solo así la agrovoltaica podrá consolidarse como un modelo productivo sostenible, competitivo y escalable.
Cómo implementar un proyecto agrovoltaico
La implementación de un sistema agrovoltaico requiere una planificación técnica precisa y una colaboración multidisciplinar entre agricultores, ingenieros energéticos, agrónomos y expertos legales.
A diferencia de una instalación solar convencional, un proyecto agrovoltaico debe equilibrar dos objetivos simultáneos: mantener la productividad agrícola y maximizar la generación fotovoltaica.
A continuación se detallan los pasos clave para llevar a cabo un proyecto eficiente, rentable y sostenible.
Pasos clave para agricultores y empresas
1. Estudio de viabilidad agronómica y solar
Antes de cualquier inversión, se debe realizar un análisis del terreno que incluya:
Radiación solar anual y orientación del suelo.
Tipo de cultivo y su tolerancia a la sombra parcial.
Condiciones hídricas, tipo de riego y composición del suelo.
Impacto ambiental y compatibilidad con la normativa local.
Un estudio conjunto de rendimiento energético y productivo permitirá determinar la configuración óptima de paneles (altura, inclinación y densidad).
2. Diseño del sistema agrovoltaico
El diseño técnico debe integrar:
Estructuras elevadas o semitransparentes, adaptadas a la altura de las plantas o paso de maquinaria.
Paneles bifaciales o tracking solar, para aprovechar al máximo la radiación.
Sistemas de monitorización IoT, que controlan temperatura, humedad y radiación en tiempo real.
Espacios de maniobra y rutas agrícolas sin interferir con los módulos solares.
El objetivo del diseño es lograr un balance lumínico eficiente, donde tanto el cultivo como la instalación eléctrica trabajen de manera armónica.
3. Permisos y financiación
El marco regulatorio español requiere:
Licencia de obra y conexión a red eléctrica.
Informe de compatibilidad urbanística (suelo rústico o agrícola).
Evaluación ambiental, en caso de instalaciones superiores a 1 MWp.
Inscripción como instalación agroenergética para optar a ayudas.
En cuanto a la financiación, los proyectos pueden beneficiarse de:
Subvenciones del IDAE y fondos europeos (hasta el 60 % del coste).
Acuerdos PPA (Power Purchase Agreement) para venta de energía.
Créditos verdes y leasing energético con entidades especializadas.
4. Instalación y puesta en marcha
La fase de instalación debe realizarse con personal cualificado y preferentemente en coordinación con el ciclo agrícola.
Se recomienda:
Ejecutar obras fuera de las temporadas de cultivo.
Garantizar la estabilidad estructural frente al viento y la lluvia.
Revisar conexiones, puesta a tierra y sistemas de drenaje.
Una correcta instalación es clave para minimizar el impacto en los cultivos y maximizar la vida útil del sistema (25–30 años promedio).
5. Monitorización y mantenimiento
Los sistemas agrovoltaicos modernos integran sensores climáticos, drones y plataformas digitales para monitorizar el rendimiento energético y agrícola.
Gracias al análisis de datos, se pueden:
Ajustar los ángulos de los paneles automáticamente.
Optimizar el riego según humedad del suelo.
Detectar anomalías o pérdidas de rendimiento.
Un mantenimiento predictivo y basado en datos reduce los costes operativos y mejora el retorno de inversión a largo plazo.
Proveedores y socios tecnológicos recomendados
Aunque el mercado agrovoltaico aún es emergente, ya existen empresas especializadas en España y Europa que ofrecen soluciones integradas:
BayWa r.e. – Referente europeo en sistemas agrovoltaicos llave en mano.
Enel Green Power – Desarrolla proyectos agrovoltaicos a gran escala combinando energía y agricultura regenerativa.
IMDEA Energía y Fraunhofer ISE – Centros de investigación líderes en diseño de estructuras y modelado agronómico.
Solarion, Soltec, Trina Solar – Fabricantes de paneles bifaciales y estructuras de seguimiento solar adaptadas al uso agrícola.
Empresas de IoT agrícola (Agroptima, Spherag, SmartRural) – Integran monitoreo climático y sensorización en tiempo real.
La colaboración entre estos actores es esencial para garantizar que los proyectos sean rentables, sostenibles y técnicamente viables.
Implementar un proyecto agrovoltaico requiere visión estratégica y asesoramiento técnico especializado, pero los resultados pueden transformar completamente una explotación agrícola.
Con una buena planificación, un terreno puede generar alimentos, energía y empleo local, todo bajo un modelo respetuoso con el medio ambiente.
Oportunidades económicas y sostenibilidad
Más allá de sus ventajas técnicas y ecológicas, la agrovoltaica abre un nuevo modelo económico que impulsa la rentabilidad del campo y acelera la transición energética.
Permite que agricultores, cooperativas y empresas compartan beneficios, generando ingresos duales y sostenibles a partir de una misma superficie.
Esta sinergia convierte a la agrovoltaica en un eje estratégico de la bioeconomía rural, integrando innovación, eficiencia y compromiso ambiental.
Subvenciones, incentivos y ayudas europeas
La Unión Europea considera la agrovoltaica una tecnología clave dentro del Pacto Verde Europeo y la Estrategia “Farm to Fork”, orientada a lograr una agricultura climáticamente neutra antes de 2050.
Entre los principales programas y líneas de apoyo destacan:
Fondos Next Generation EU: ofrecen financiación para proyectos que integren energías renovables con desarrollo rural sostenible.
PAC 2023–2027 (Política Agraria Común): incluye ayudas para prácticas agroambientales y eficiencia energética en explotaciones.
Programas autonómicos y nacionales (IDAE, CDTI, Plan MOVES): subvencionan hasta un 45–60 % de la inversión inicial en instalaciones agrovoltaicas.
Incentivos fiscales: deducciones por autoconsumo, amortización acelerada de activos renovables y bonificaciones del IBI o ICIO en instalaciones rurales.
Además, organismos como el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el Fondo Europeo de Innovación están financiando proyectos piloto para demostrar la viabilidad del modelo agrovoltaico en diferentes zonas climáticas.
Rentabilidad comparativa frente a la fotovoltaica clásica
La agrovoltaica presenta una rentabilidad media anual estimada entre el 6 % y el 12 %, dependiendo del tamaño del proyecto y del modelo de negocio.
Aunque su inversión inicial es superior a la de una planta solar convencional, la doble fuente de ingresos compensa rápidamente la diferencia.
| Indicador | Fotovoltaica tradicional | Agrovoltaica |
|---|---|---|
| Coste inicial (€/kWp) | 700–850 | 950–1.200 |
| Periodo de retorno (años) | 8–10 | 6–9 |
| Ingresos adicionales | Ninguno | Venta de energía + producción agrícola |
| Impacto en el suelo | Alto | Mínimo |
| Valor ecológico | Bajo | Alto |
| Acceso a subvenciones | Limitado | Prioritario |
Según un estudio de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), la agrovoltaica puede aumentar la productividad total del suelo hasta un 70 %, lo que la convierte en una de las soluciones más eficientes para la seguridad alimentaria y energética.
Perspectivas de crecimiento a 2030
Las previsiones indican que el mercado agrovoltaico experimentará un crecimiento exponencial en la próxima década.
De acuerdo con el informe “Global Agrivoltaics Market 2025–2030” (Allied Market Research), se estima que el sector alcanzará un valor global superior a los 9.000 millones de euros en 2030, con una tasa anual de crecimiento (CAGR) del 10–12 %.
En Europa, los países con mayor potencial son:
España: por su irradiación solar y su amplio sector agrícola.
Italia y Francia: por la madurez normativa y el apoyo público.
Alemania y Países Bajos: por su liderazgo en investigación y desarrollo tecnológico.
El avance de la agrovoltaica permitirá crear nuevos modelos de negocio híbridos, donde agricultores, empresas energéticas y cooperativas locales compartan beneficios bajo esquemas de autoconsumo compartido o comunidades energéticas rurales.
Además, se prevé que para 2030, los proyectos agrovoltaicos contribuyan a:
Generar más de 20.000 empleos verdes directos en Europa.
Evitar la emisión de 25 millones de toneladas de CO₂ anuales.
Integrar más de 5 GW de potencia instalada en suelos agrícolas europeos.
Conclusión
La agrovoltaica no solo representa una oportunidad tecnológica, sino también una revolución económica y social en el medio rural.
Su expansión permitirá fortalecer la seguridad alimentaria, reducir la dependencia energética y revitalizar la economía agrícola con un enfoque basado en innovación, sostenibilidad y cooperación.
Conclusión: el papel de la agrovoltaica en la transición energética
La agrovoltaica se ha consolidado como una de las soluciones más inteligentes y sostenibles frente a los grandes desafíos globales: el cambio climático, la seguridad alimentaria y la necesidad de energía limpia.
Al combinar agricultura y energía solar en un mismo espacio, este modelo rompe la dicotomía entre producir alimentos o generar electricidad, demostrando que ambos objetivos pueden coexistir y fortalecerse mutuamente.
Más que una tecnología, la agrovoltaica representa una nueva filosofía de uso del territorio, donde el suelo se convierte en un recurso multifuncional capaz de producir valor económico, social y ambiental al mismo tiempo.
Sus beneficios son claros:
Rentabilidad doble (agrícola + energética).
Reducción de emisiones y adaptación al cambio climático.
Optimización del agua y protección del suelo.
Revitalización del medio rural y creación de empleo verde.
Pero su éxito a largo plazo dependerá de una estrategia coordinada entre administraciones, empresas, universidades y agricultores.
Es fundamental contar con políticas públicas claras, financiación accesible y programas de formación técnica que garanticen la expansión responsable de este modelo.
De cara a 2030, la agrovoltaica puede convertirse en un pilar esencial de la transición energética europea, impulsando un nuevo paradigma donde el campo no solo alimenta, sino también ilumina.
Un futuro donde la tecnología y la tierra trabajen juntas para garantizar sostenibilidad, resiliencia y prosperidad.
La agrovoltaica ya no es una promesa, sino una oportunidad tangible. Si eres agricultor, empresa energética o profesional del sector agrario, ahora es el momento de explorar su potencial.